Tiempo hace que vengo recordando las palabras de un profesor de filosofía que tuve hace unos años. Decía así: "los centros comerciales son las cavernas del mito de Platón modernas, al igual que las discotecas". Yo, por aquel entonces, no hice mucho caso a tales afirmaciones, aunque sí me quedé con la idea. ¿Las nuevas cavernas de Platón? ¿Por qué? ¿Qué tendrá que ver ese filósofo antiguo con los centros comerciales modernos? No lo entendía. Pero, a lo largo de los años, me he dado cuenta de que tenía razón.
Primero, aclarar que la idea de centro comercial que tenemos hoy en día poco tiene que ver con la que se tenía cuando su creación. Mucho se remonta el origen estos lugares de consumo en los que, en
un principio, se tenía por objetivo el de facilitar la obtención de
alimentos. No se trata, por tanto, de algo propio del modo de vida del
hombre moderno, ni mucho menos. El primer centro comercial conocido como
tal se remonta al siglo XVII, y no era más que calles cubiertas que
albergaban una cantidad considerable de establecimientos. Si analizamos la estructura etimológica de "centro comercial" veremos que se compone de la palabra derivada
del latín centrum, término que hace referencia al espacio donde
se reúnen las personas con alguna finalidad, mientras que comercial,
claramente, es un adjetivo que nombra a lo perteneciente o relativo al
comercio. Platón, por su parte, viene a decir con su alegoría que existen dos mundos: el sensible y el inteligible. Para quien no conozca este mito puede consultarlo aquí.
He estado leyendo y, obviamente, no fue mi profesor el primero que elaboró tal símil, aunque sí he encontrado variantes que la comparan con el escaparate de las tiendas. Para mí, esto que nos decía mi profesor se ha convertido en el consumismo-capitalismo del modo de vida del hombre moderno. Los centros comerciales se han convertido en las cavernas de todos aquellos a los que el consumismo hace felices, aquellos que un sábado por la tarde prefieren pasar el día comprando en vez de, qué se yo, ir a la playa con los amigos. Y es que la necesidad de comprar ha llegado a tal punto que nos enseñan desde pequeños que debemos conseguir un trabajo. ¿Un trabajo para qué? ¿Un trabajo para vivir? No. Un trabajo para aumentar tu umbral de consumo y, así, ser más felices. Porque, cuando nos bajan los sueldos y salimos a la calle a protestar, ¿por qué razón protestamos? Si meditas un poco posiblemente llegues a la única respuesta posible: nos quejamos porque nuestro nivel de consumo ha disminuido, porque deberemos privarnos de cosas que hasta entonces habían formado parte de nuestra vida cotidiana. Dale chuletas a una persona que lleva comiendo arroz toda su vida y dile que vuelva a comer arroz. Aquellas sombras de las que nos hablaba Platón se han convertido en objetos materiales que siguen sin ser más reales que aquellas proyecciones de la pared. Objetos que, en teoría, nos harán felices, o lo que es lo mismo, que nos harán infelices si no adquirimos. ¿Se ha convertido acaso aquel mundo inteligible en la felicidad en sí misma? Esperemos que no, porque suena un tanto desesperanzador que la felicidad no pudiese ser entendida.
Creo que he aprendido más con este profesor que con el temario entero que el gobierno obliga a impartir. Y ahora quieren que la filosofía desaparezca de las aulas...
He estado leyendo y, obviamente, no fue mi profesor el primero que elaboró tal símil, aunque sí he encontrado variantes que la comparan con el escaparate de las tiendas. Para mí, esto que nos decía mi profesor se ha convertido en el consumismo-capitalismo del modo de vida del hombre moderno. Los centros comerciales se han convertido en las cavernas de todos aquellos a los que el consumismo hace felices, aquellos que un sábado por la tarde prefieren pasar el día comprando en vez de, qué se yo, ir a la playa con los amigos. Y es que la necesidad de comprar ha llegado a tal punto que nos enseñan desde pequeños que debemos conseguir un trabajo. ¿Un trabajo para qué? ¿Un trabajo para vivir? No. Un trabajo para aumentar tu umbral de consumo y, así, ser más felices. Porque, cuando nos bajan los sueldos y salimos a la calle a protestar, ¿por qué razón protestamos? Si meditas un poco posiblemente llegues a la única respuesta posible: nos quejamos porque nuestro nivel de consumo ha disminuido, porque deberemos privarnos de cosas que hasta entonces habían formado parte de nuestra vida cotidiana. Dale chuletas a una persona que lleva comiendo arroz toda su vida y dile que vuelva a comer arroz. Aquellas sombras de las que nos hablaba Platón se han convertido en objetos materiales que siguen sin ser más reales que aquellas proyecciones de la pared. Objetos que, en teoría, nos harán felices, o lo que es lo mismo, que nos harán infelices si no adquirimos. ¿Se ha convertido acaso aquel mundo inteligible en la felicidad en sí misma? Esperemos que no, porque suena un tanto desesperanzador que la felicidad no pudiese ser entendida.
Creo que he aprendido más con este profesor que con el temario entero que el gobierno obliga a impartir. Y ahora quieren que la filosofía desaparezca de las aulas...
Adiós a la Filosofía en la ESO y el Bachillerato |